viernes, 18 de marzo de 2016

FLORA INSÓLITA: "ERODIUN RUPICOLA"

OLULA DEL RÍO
Comarca

FILABRES:
Flora insólita: “ERODIUN RUPICOLA”

• El pequeño geranio que un día emigró desde Sierra Nevada.

• Este diminuto y elegante geranio, ha sido recientemente localizado en la Sierra de los Filabres.

• La presión humana de la comarca de las Alpujarras, ha dado una lección de supervivencia, saltando de Sierra Nevada y colonizando nuestros Filabres.


En el año 1.992 (dice el autor), adquirí la obra de Gabriel Blanca: “Joyas botánicas de Sierra Nevada”, reconozco que me lancé durante algunos años a la caza fotográfica de algunas de las especies relatadas en dicho libro. Del Erodiun rupícola, tras ser buscado en repetidas ocasiones por la comarca de la Alpujarra y mas concretamente en las inmediaciones del Río Nechite, pero… ni rastro.
Incluida en todos los listados de los libros rojos de especies vegetales en peligro y abocada a una extinción casi segura, resulta sin embargo localmente abundante en la vecina sierra norte: La Sierra de Los Filabres. Pero, ¿cuál es el hecho, que una especie a punto de desaparecer de la faz del planeta, reaparezca de forma relativamente abundante en un ecosistema colindante?
Para tal incógnita, se me ocurren dos respuestas: una de ellas pudiera ser que, nuestros botánicos decimonónicos (la mayoría extranjeros y por lo tanto desconocedores del terreno), dedicasen poco tiempo y esfuerzo a clasificar la flora de la Sierra de Los Filabres, con lo cual, la especie en sí podría tener aquí su centro de distribución y actuar Sierra Nevada a modo de serranía “satélite”.
Tan sólo hay una cita de Gros, que dijo encontrarla en 1.929 cerca de Bacares.
La otra posibilidad, algo más científica aunque no por ello más cierta, es que la especie emigrara a otra serranía, de similares características, huyendo de la excesiva acción antropológica que vive la comarca de la Alpujarra. El geranio en sí, presenta una ecología muy particular y se desmarca del hábitat que suelen ocupar otros congéneres. Vive en repisas y oquedades por encima de los 1.800 metros, al pie de paredones esquistosos, no desdeñando aquellos que el ganado se encargó previamente de nitrificar.



Juan Sánchez-MARZO-2.016

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